Autora: Ximena Miranda Olea

CEL de la Cátedra de Literatura y lengua española Università Cattolica di Milano

 

Por más que conozca nuevas tendencias metodológicas, al final siempre me afirmo en la importancia de la formación de grupos para conseguir un aprendizaje eficaz; y  no solo en lo profesional, sino también en el ámbito personal. Aquí quiero compartir algunos puntos teóricos y prácticos sobre la importancia de la dinámica de grupos para lograr un aprendizaje permanente en el ámbito LE.

Para empezar, nadie duda de que el conocimiento actualmente está al alcance de cualquiera que tenga un smartphone y que todo esto ha descolocado y ha dejado obsoleto el sistema educativo, así que nos encontramos delante de la necesidad de promover un cambio de rumbo en nuestra acción docente, que nos debería llevar hacia una reflexión sobre los factores o agentes que se ven involucrados en este cambio.

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Empecemos con el aula, que es el componente físico donde se produce el acto educativo y que hasta ahora era donde se daba la transmisión de conocimiento. Sin embargo, actualmente el conocimiento es ubicuo  y ya no podemos pensar en el aula como algo rígido o inamovible, al contrario, sus fronteras o se deben alargar o derrumbar para dejar paso a los multimodalidad. Esto lo muestra la introducción de términos como “hiperaula”, “ubicuidad”  o “aprendizaje sin costuras” ya que las barreras no tienen razón de ser.

Asimismo, nunca antes el conocimiento había sido tan democrático, por esto el papel de la figura docente como única experta ya no es viable. Además, los espacios de co-working del mundo del trabajo, muestran  cómo la interdisciplina y la transversalidad del conocimiento favorece la resolución de problemas.

Por otro lado, el aula es un espacio de socialización donde se puede trabajar  en grupos sanos y eficaces.  Observemos cómo se relacionan nuestros estudiantes, cómo actúan, cómo se comportan, qué emociones podemos detectar y cómo podemos ayudarles a expresarlas o superarlas. El buen funcionamiento de las actividades que propongamos dependerá de las relaciones que se hayan creado, de los conflictos que se hayan superado, por lo que implicación emotiva es un factor digno de análisis y reflexión.

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Por ello, propongo aquí dos ejemplos visuales  “El club de la lucha” y Up en los que se reconocen las 6  características (Dörnyei & Murphey, 2019) para que un grupo se considere como tal: en primer lugar,  se produce interacción entre los miembros. Además, se perciben como una unidad diferenciada y demuestran un compromiso con el grupo. Tercero, comparten un propósito o finalidad.  Cuarto, el grupo dura un periodo razonable de tiempo y desarrolla un tipo de “estructura interna” (nace, se desarrolla y se acaba).  Por último, el grupo es considerado responsable de las acciones de sus miembros.

Este coworking en el aula de lengua extranjera implica una dinámica de grupo donde el rol del profesor es el de acompañante en el intercambio de informaciones; de mediador en la resolución de conflictos o de facilitador en la creación de relaciones interpersonales para favorecer llegar al objetivo final didáctico que se ha propuesto. Es la persona encargada de provocar el encendido emocional para que el aprendizaje sea eficaz, de despertar la curiosidad del alumnado.

Si los distintos miembros del grupo, se sienten comprendidos y escuchados, eso repercute directamente en su trabajo como grupo. Se trata de una inversión emotiva en la que vale la pena implicar tiempo para poder proponer actividades significativas para el proceso de aprendizaje de lenguas en el aula y fuera de ella. Con esto, se barajan valores como la tolerancia, el respeto en la convivencia, además, de estrategias de negociación, planificación y asignación de roles. Por todo esto, la dinámica de grupo es el pilar en la que se apoya el Aprendizaje Cooperativo donde la colaboración y la transición de conocimientos y destrezas hacen que se pueda llegar a conseguir el objetivo final. ¿Hay forma más eficaz de hacerlo? A continuación os muestro algunas propuestas prácticas para iniciar el trabajo cooperativo en el aula:

  • La formación de grupo puede ser aleatoria o siguiendo diversos criterios como sus gustos o preferencias. Así por ejemplo, se pueden hacer con los colores variantes del tipo: “a todos los que les gusta el rojo” o incluso formar grupos con diferentes colores. Los naipes pueden también dar mucho juego para ir alternando los componentes  por palo, por número pares o impares…Sin lugar a dudas, otra clave es la tarea en sí que se les propone. Así, por ejemplo, tenemos para primaria “la caja de la felicidad” o “la clase del limonero”, pero también podéis leer una experiencia con alumnado universitario “#LCdePapELE”. Espero que estas experiencias os animen a diseñar vuestras tareas de coworking o de dinámicas de grupo en vuestro aula de lengua extranjera.

 

Referencia

Dörnyei, Z. & Murphey, T. (2019). Dinámicas de grupo en la clase de idiomas. Madrid:Ed. Edinumen.

 

 

 

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